INQUIETUD POR LA VERDAD: MÁS QUE SUPONER

SUPONER Y YA ESTÁ

Los prejuicios. El dar por hecho las cosas. El presuponer que algo va a suceder de cierta manera. O que alguien quiere o deja de querer cierta cosa. O que los demás piensan o se sienten de tal o cuál manera. Hacer suposiciones puede al principio parecernos un atajo hacia la verdad, nos fiamos de lo que imaginamos, que tiene sentido según nuestro criterio, inventado a raíz de nuestros intereses, miedos, circunstancias. Y llegamos a la conclusión de que las cosas son de una manera y actuamos en consecuencia… y aunque para algunas cosas esto es suficiente, otras tantas veces metemos la pata. Porque ese es el riesgo de suponer, de fiarse de la imaginación más que de los hechos. Suponer es, según la RAE:

Considerar una cosa verdadera o real a partir de ciertos indicios o señales, sin tener certeza completa de ella.”

 Gran parte de las veces que nos limitamos a suponer, en realidad habríamos tenido a nuestro alcance respuestas y guías más fiables, si tan sólo hubiéramos preguntado directamente a la persona involucrada, o realizado una rápida búsqueda en internet. Lleva un poco más de tiempo indagar que imaginar, pero más allá del primer instante, buscar la verdad donde podemos encontrarla en vez de diseñarla en nuestra cabeza es lo que verdaderamente ahorra tiempo, disgustos y malentendidos.

“¡Si tan sólo hubiera preguntado, si tan sólo me hubiera informado, en vez dar por hecho equis cosa, esto no habría pasado!”

 Pues mejor prevenir que curar, ¿no? Te invito a poner en práctica este principio de vida simple –te vas a ahorrar meteduras de pata a montones y no tendrás que pedir segundas oportunidades o corregir aquello que hiciste, “porque diste por hecho que…”.

No imagines: ¡BÚSCALO EN GOOGLE! No des por hecho: ¡PREGUNTA! No supongas: ¡ENTÉRATE! Clic para tuitear

Y si no tienes información para confirmar o descartar tus dudas, deja ese hueco en blanco en lugar de llenarlo con imaginaciones que te entorpecen los sentidos y te incapacitan para percibir las cosas tal y como realmente son.

Tendemos a prejuzgar. Somos así. Se trata de un sesgo cognitivo. Resulta curioso cómo forman parte de nosotros. ¿Para qué sirven los prejuicios? Son una herramienta para la supervivencia, nos ayudan a no tener que realizar un análisis profundo de aquellas situaciones que requieran tomar decisiones y actuar de forma inmediata. En situaciones que considera de peligro potencial para nuestra integridad, nuestro cerebro se activa de diferentes maneras para protegernos y una de ellas es atajar permitiéndonos tomar decisiones rápidas e instantáneas, sin necesidad de tener una certeza absoluta, cuando carecemos de recursos (como el tiempo) para profundizar.

Podemos suponer que al existir para ese fin (protegernos de una sobrecarga o de posibles peligros externos) los prejuicios o sesgos cognitivos son buenos y sanos. Y estaremos en lo cierto, nos ayudan a vivir. Nos simplifican la vida. ¡Estupendo!

La parte no tan buena es esa en la que nos estancamos, en la que nos conformamos con los prejuicios que nuestro cerebro elabora en el instante inmediato. Esa parte en la que consideramos suficiente una primera impresión y no vamos más allá.

Para sobrevivir, los prejuicios bastan. Para gran cantidad de situaciones menores de nuestro día a día, bastan. Pero para vivir, hay que ser libre. Y ser libre implica que podemos tomar decisiones sobre cómo llevar nuestra vida, y una decisión no es libre del todo si no estás bien informado acerca de la realidad y tus opciones a la hora de tomarla.

La ignorancia es un premio de consolación cuando resulta imposible saber más. Clic para tuitear

La ignorancia es un premio de consolación cuando resulta imposible saber más. Pero ¿con todos los medios que tenemos hoy día a nuestro alcance para saber más y mejor acerca de lo que nos incumbe en la vida? En el momento en que tienes el recurso del tiempo. El recurso de tu capacidad para comunicarte con los demás. El recurso de Internet. En el momento en que tienes más herramientas que sólo tus prejuicios para guiarte en la vida y no sólo sobrevivir, ¡vive! ¡Úsalos! Utiliza un momento para enterarte bien de aquello sobre lo que quieres saber, para buscar la verdad y despejar tus dudas. No elucubres invenciones en tu cabeza y te quedes ahí, al menos luego confirma o desmiente eso que se te ha ocurrido, ¡que está a tu alcance comprobar las cosas en Internet o preguntando a gente que conoces y que puede saber más que tú sobre el tema! ¡Sal de tu zona de confort, aléjate un clic de tu cómoda ignorancia! ¡Busca la verdad, no te conformes!

Saber cosas trae complicaciones, pero la vida sin inquietudes se queda sosa, así que aprovéchala al máximo: alimenta y luego sacia tu curiosidad acerca de lo que te rodea, acerca de ti mismo, acerca de lo que otros piensan, quieren, sienten. Comparte, convive, interésate sinceramente, ¡pregunta! ¡Entérate! Y sabiendo más, cada decisión que tomes en tu vida será más libre, fruto de tu inquietud por saber hecha búsqueda, en vez de ser fruto de tu ignorancia e indiferencia.

¿Qué es la vida sin inquietudes? ¿Se puede ser feliz sin tener interés por nada ni nadie? Clic para tuitear

Hay hechos, datos, información, que puedes decidir ignorar. Mientras tu escogida ignorancia no os dañe a ti ni a los que te rodean. Pienso que todos enseñamos algo a los demás. Si todos en algún aspecto u otro somos profesores o transmisores de lo que tenemos, conocemos y sabemos, más nos vale transmitir algo que tenemos por cierto y no quedarnos en meras suposiciones si podemos ir más allá. No se trata de quedar bien con quienes nos prestan su atención y su confianza, sino de enriquecer su vida. Siempre estará ahí la incertidumbre de si incluso “los que saben” se habrán equivocado o de si tendrán algo nuevo por descubrir que desmienta lo que hasta el momento se tenía por verdad. Pero prefiero aprender y aferrarme a una verdad que puede que tenga que revisar en el futuro, que escoger ignorar aquello que incluso está demostrado y a cuyo conocimiento tengo libre acceso. Y si en un futuro se demuestra que algo que creía que era verdad no lo es, me tocará adaptarme a los nuevos hechos descubiertos. Estar abierto al cambio es la única manera de crecer, de no estancarse, de avanzar. Pero ese es un tema para otro día.

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